miércoles, 5 de septiembre de 2007

Un simple...capítulo 12

Capítulo 12: Problemas
- ¡¿Que habéis hecho qué?! – gritó Jack completamente fuera de sí.
Era bien entrada la madrugada cuando habían ido a avisarle.
Alexander, junto con las personas más “radicales” que vivían en la fortaleza habían decidido eliminar a Kirtash de una vez por todas. Habían logrado envenenarle con una ponzoña que le haría sufrir una lenta agonía. Según ellos era el castigo perfecto para alguien como él. Por supuesto Victoria no sabía nada. Aprovechaban el momento en el que suponían que los sentimientos de la chica estaban más débiles que nunca.
Claramente esperaban de Jack una reacción muy distinta de la que estaba demostrando. Pero en aquel momento el dragón era incapaz de mostrar indiferencia. La preocupación y la rabia crispaban su rostro cuando Alexander terminó de contárselo. No le importaba lo que pudieran pensar de su actitud. Su preocupación era únicamente la vida que se le escapaba a su compañero con cada minuto que pasaba encerrado en algún lugar de aquel castillo. No sabía cuanto tiempo le quedaba pero no estaba dispuesto a perder ni un segundo más.
- ¿Dónde está? – dijo Jack en tono calmado pero con una voz nada tranquilizadora. El fuego del dragón se reflejaba en sus ojos verdes haciéndole aún más amenazador.
- ¿Para qué demonios quieres saberlo? – respondió Alexander sorprendido por su reacción. – Será mejor para ti que desaparezca cuanto antes. Está haciendo que te comportes de una manera muy extraña.
- ¡¡He dicho que dónde está!! – rugió Jack de pronto. Aquello no tenía tanto de grito humano como del rugido de un dragón. Probablemente si no estuviera hablando con su mejor amigo le habría reducido a cenizas hacía ya tiempo.
Tal vez fuera por la autoridad que impregnaba esa frase pero el caso es que Alexander se lo dijo.
Jack se dirigió a las mazmorras sin mediar palabra todo lo rápido que le permitían las piernas. Nadie se atrevía a detenerlo. El profundo respeto por los dragones estaba muy arraigado en aquella gente y en aquel momento Jack tenía más de dragón que de humano.
No le costó encontrar la celda donde retenían al shek ya que era la única que estaba vigilada por casi todos los magos que vivían allí. Menos Shail. Alexander no se lo había dicho porque se habría opuesto firmemente al plan y tenía el poder suficiente como para evitar que lo llevaran a cabo.
Los magos se mostraron más reacios a permitirle el paso pero Jack simplemente siguió adelante. Nada podía impedir en ese momento que lograra su objetivo ni la magia ni los medios humanos.
La fuerza que guiaba sus actos era mucho más poderosa. Era la alianza forjada entre dos criaturas con el poder de semidioses.
Entró como una tromba en la celda y cerró tras de sí con un portazo que hizo temblar las paredes.
Kirtash estaba sobre el suelo hecho un ovillo con el rostro contraído en una mueca de dolor. Sin embargo ni una sola queja salía de sus labios. No estaba dispuesto a darles esa satisfacción. Tenía la vista desenfocada pero supo que Jack estaba a su lado. Podía sentirle arrodillado a su lado aunque no podía ver la preocupación reflejada en su rostro.
Jack puso las manos sobre su pecho, por debajo de su camisa, para estar en contacto con su piel. Sentía que tenía el poder suficiente para eliminar el veneno de su cuerpo pero sabía que debía tener mucho cuidado ya que parte de su calor interno también se canalizaba a través de sus manos.
Con mucho esfuerzo y paciencia consiguió salvarle a duras penas, a costa de quedarse exhausto y dejarle la piel ligeramente quemada.
- Gracias – susurró Kirtash, también agotado pero fuera de peligro.
La fuerza desesperada que había mantenido a Jack hasta ese momento se derrumbó tal vez por la tensión que había tenido que soportar o quizá por el alivio y la felicidad que sentía. Comenzó a llorar con lágrimas silenciosas y constantes.
Kirtash le abrazó suavemente y Jack se apoyó sobre su hombro, agradecido.
- Si no hubiera llegado a tiempo...tú... – se le quebró la voz. Era incapaz de asimilar que había estado a punto de perderle para siempre.
Correspondió a su abrazo con fuerza. Quería sentirle lo más cerca posible.
Kirtash soltó un débil gemido de dolor. Jack se separó de él extrañado.
- ¿Qué te pasa?
- No es nada – respondió Kirtash restándole importancia.
- ¿No he eliminado el veneno? – dijo Jack asustándose de nuevo.
- No es eso. – replicó el shek torciendo el gesto. – Hay gente que no se ha conformado con envenenarme.
- ¿Qué...qué te han hecho?
Kirtash suspiró. Se quitó la camisa con desgana.
Tenía todo el torso cubierto de moretones. Decenas de signos que evidenciaban la paliza que había recibido.
Jack se quedó boquiabierto sin poder creer lo que estaba viendo con sus propios ojos.
- Demasiado cobardes para enfrentarse a mí sólo cuando estaba indefenso. Y lo bastante furiosos como para ensañarse. De hecho creo que me han roto un par de costillas.
- ¿Quién? – preguntó Jack en tono desafiante.
- No voy a permitir que vayas a buscar venganza. Sólo te causaría problemas.
- ¡No pienso quedarme indiferente como si no hubiera pasado nada! En cuanto tengan otra mínima oportunidad lo volverán a intentar. Y se asegurarán de que no pueda ayudarte.
- Lo sé. No puedo seguir tentando a la suerte. Por eso lo mejor será que me vaya.
- ¿Adónde? No tienes muchos amigos fuera de aquí.
- Dentro tampoco. – replicó el shek, sarcástico. – No estaba pensando en Idhún.
- ¿Vas a ir a la Tierra? – aventuró Jack.
Kirtash asintió.
- No me hace ninguna gracia dejarte aquí solo, pero no tengo otra opción.
- No van a estar muy contentos conmigo si descubren que te he dejado escapar.
- Diles que conseguí escaparme solo.
- No se lo creerán.
- ¿Por qué no, si es verdad?
Kirtash tomó el rostro de Jack entre sus manos obligándole a mirarle a los ojos. Jack sintió como perdía la consciencia pero la mirada del shek le atraía como un imán. Sólo logró escuchar unas últimas palabras antes de desmayarse.
- Volveré pronto Jack. Te lo prometo.

Un simple...capítulo 11

Capítulo 11: Confesión
Dedicado a mi fan consejera, por haber dado nombre a Sherim y por muchos otros consejos, siempre acertados.
Victoria se quedó bastante sorprendida, aun así mantuvo la calma. Tenía la boca abierta pero no lograba articular ningún sonido. Era cierto que los recuerdos no habían acabado de revivir sus sentimientos hacia ellos dos, tal vez, habían aprovechado esa circunstancia para confesárselo. Lo podía asumir más fácilmente.
Jack la miraba expectante. Llevaba días imaginando cómo se lo iba a tomar. Tenía pocas esperanzas de que lo comprendiera.
- Vaya. ¿No es algo un poco...raro? – dijo Victoria por fin.
- Sí, la verdad es que sí. – concedió Jack, inmensamente aliviado. Se sentía como un niño esperando una regañina por hacer alguna travesura. Sabía que lo que estaba haciendo no tenía nada de malo, pero por alguna razón se sentía culpable. – Creía que nos lo ibas a echar en cara. – confesó, ya mucho más seguro. Quizá fuera por el roce de la mano de Kirtash entrelazada con la suya en gesto tranquilizador.
- No puedo hacer eso. – dijo Victoria mientras miraba a Kirtash con una ligera sonrisa. – Los sentimientos no siguen normas de ninguna clase.
El shek le correspondió la sonrisa, dándole la razón.
- Pero me gustaría que siguiéramos siendo amigos, Victoria. Como antes. – añadió Jack dispuesto a librarse de todas sus preocupaciones de una vez.
- Me va a costar adaptarme, pero dalo por hecho.
Se fundieron en un cálido abrazo, sellando su promesa.
- También puedes contar conmigo. – intervino Kirtash. – Voy a seguir protegiéndote, aunque no sea por una razón sentimental.
Estuvieron hablando largo y tendido sobre el tema ya que Victoria quería saber cómo había surgido esa relación. Ninguno de los dos puso pegas, tenían la suficiente confianza con ella como para permitir que lo supiera.
Sin embargo, Kirtash decidió dejarles solos al poco rato. Aprovecharía para dar una vuelta a solas, ahora que nadie estaba pendiente de él. Le dio un fugaz beso a Jack a modo de despedida, detalle que no dejó de sorprender a Victoria pero al que tendría que acostumbrarse. Jack y ella siguieron hablando un buen rato como dos buenos amigos.
- Pero, ¿cómo habéis podido enamoraros si os odiáis por instinto?
- Ya no. Es como si la energía del odio se canalizara de forma distinta. No sé explicarlo mejor. Me conformo con disfrutarla, sin preocuparme por entenderla. Pero sé que la gente no lo comprenderá jamás. Si cualquiera se entera...me considerarían un traidor. Tú eres la única que lo sabe, porque te incumbe. – suspiró. – En el fondo teníamos miedo de que se lo contaras a los demás.
- Pero me lo contasteis. – dijo la chica sonriendo.
- Sigues siendo importante en nuestras vidas. Para los dos. Seguramente seas la única en la que podemos confiar. A veces me gustaría poder contárselo a Alexander, pero me temo que terminaría sin novio.
La joven torció ligeramente el gesto.
- Se me hace raro que le llames novio.
Jack se encogió de hombros.
- Me he acostumbrado a llamarle así.
- Pues como se te escape con alguien más delante...
- No nos volverías a ver con vida. – concluyó Jack.
- Seguro que sois los primeros de vuestras razas capaces de rebelaros contra ese destino que parece grabado en vuestra sangre.
- No me he librado de él. Si mato a un shek seguiré disfrutando. Si veo a uno seguiré odiándole. Siempre que no sea Kirtash.
Kirtash paseaba tranquilamente por el patio de la fortaleza observando la construcción de aquellas burdas imitaciones de los dragones. Pero olían igual que los auténticos. Esa era la razón por la que conseguían engañar a los sheks. El estúpido instinto. No era más que una molestia. Aunque era el culpable de que los sentimientos que tenía hacia Jack fueran mucho más intensos de lo normal. Hasta el punto de conseguir que perdiera el control sobre sí mismo. Antes de aquel momento ninguna relación física que hubiera tenido, había conseguido nada semejante, a pesar de haber llegado mucho más lejos que con Jack. Tal vez fuera porque eran mujeres, pero él había olvidado por completo que le atraían los chicos durante mucho tiempo. No, esa no podía ser la causa. Sólo él lo había conseguido. Y le había hecho sentir...vulnerable. No estaba acostumbrado a dejarse llevar. Le gustaba controlarlo todo, saber exactamente qué estaba pasando en todo momento y por qué.
Se acarició el cuello instintivamente. Allí había permanecido durante días la señal de aquel beso, grabada a fuego en su piel. Todavía lo recordaba, con gran nitidez. Había sentido un extraño escalofrío recorriéndole el cuerpo, destruyendo su, ya débil, autocontrol. No recordaba haber pensado nada racional a partir de ese instante. Había actuado por puro instinto. De la misma manera que los sheks y los dragones trataban de matarse mutuamente. Por instinto.
Se acercó a uno de aquellos dragones artificiales sin que nadie se percatara de su presencia y rozó la falsa piel con las yemas de los dedos. Casi al instante, el odio instintivo afloró, y retiró la mano como si le hubiera dado un calambre. Estaba claro que el odio permanecía en su interior, pero se transformaba en aquella intensa y agradable sensación cuando estaba con Jack. Sólo entonces. Quizá hubiera sido mejor que el odio hubiese sido eliminado por completo. Seguramente aquel paseo le estuviera resultando mucho más agradable, si fuera así.
De repente aquel odio que permanecía latente, debido al olor que desprendía aquella máquina, fue sustituido por una conocida y embriagadora sensación de felicidad.
- ¿Ya habéis acabado de hablar de nosotros?
- Sí. Por fin se ha cansado de interrogarme y se ha dormido. ¿Y tú que haces? – preguntó Jack, bastante curioso.
- Comprobar que sigo teniendo ganas de destrozar estas...cosas. A falta de nada mejor.
Jack sonrió. Aparte de él, aquellos dragones artificiales eran el único vestigio de su raza. Pero también sonreía por el dragón en concreto, que Kirtash estaba examinando. Era el único dragón artificial de ese color.
- Curiosa elección.
- Digamos que me trae recuerdos. – justificó Kirtash.
Era un dragón dorado.

Un simple...capítulo 10

Capítulo 10: Amnesia
Dedicado a Isa por sus innumerables halagos que me suben la moral, y por disfrutar tanto leyendo como yo escribiendo.
- ¿Se ha despertado? – preguntó Jack a Alexander, mientras iban junto a Shail y Kirtash de camino hacia donde los magos y curanderos cuidaban de Victoria.
- Sí, aunque me han dicho que está un poco aturdida. Parece que tiene lagunas de memoria. – respondió Alexander. Tanto él como Shail estaban bastante preocupados. Jack y Kirtash cruzaron una mirada significativa. También ellos estaban preocupados pero por otro motivo bien distinto.
- Creo que lo mejor es que os reunáis los dos con ella a solas. – dijo Shail. – Con vosotros se sentirá más segura.
“No sé yo”, pensó Jack. Pero si tenía que echarles en cara el motivo de su “enfermedad” mejor que no hubiera testigos.
- ¿Estás seguro Shail? – dijo Alexander lanzando una mirada recelosa al shek.
Shail se mantuvo firme en su decisión por lo que ambos acabaron discutiendo.
“Y eso que no saben la verdad. Entonces seguro que no nos dejarían solos”, replicó Kirtash en la mente de Jack.
Los magos y curanderos se mostraban bastante reacios a permitir que Kirtash se acercara a Victoria. Al final, tras varias justificaciones por parte de Jack accedieron, con la condición de que el dragón pasara primero para tranquilizar a la muchacha.
Kirtash asintió mostrando su conformidad y le dirigió a Jack una fugaz sonrisa tranquilizadora.
Victoria le reconoció al instante y trató de levantarse a saludarle con el consiguiente mareo. Jack la sostuvo antes de que cayera y la sentó de nuevo, con suavidad, en la cama. Le dirigió una cálida sonrisa llena de afecto. Y comenzó el interrogatorio.
- ¿Dónde estamos, Jack? Esto no se parece a Limbhad.
Jack se armó de paciencia. Tendría que ir con tacto hasta que averiguara cuánto recordaba.
- En Idhún, dentro de la fortaleza de Nurgon. – explicó Jack, con calma.
- Eso es imposible, no podemos volver a Idhún. Ashran impidió la apertura de portales que comunicaran con Idhún. Además tenemos que rescatar a los idhunitas exiliados, antes de que Kirtash les asesine.
A Jack aquello le parecía muy lejano. Casi había conseguido averiguar hasta donde alcanzaba la memoria de la muchacha.
- Tú y yo somos amigos, ¿verdad? – preguntó Jack.
- Claro. – respondió Victoria extrañada. - ¿A qué viene eso?
Jack suspiró.
- Han cambiado muchas cosas desde entonces, Victoria. Supongo que las irás recordando poco a poco.
La chica se había puesto tensa de repente. En sus ojos había una mezcla de miedo y rabia.
- Kirtash está detrás de ti. – le susurró.
- Lo sé de sobra. – respondió el chico sin volverse.
- ¿Y bien? – inquirió el aludido.
- Más o menos, antes de Seattle – resumió Jack.
Victoria se había alejado de Kirtash lo más lejos que le permitía la cama y le dirigía miradas cautelosas. Parecía fiarse del buen juicio de Jack pero en aquel momento tenía los mismos pensamientos respecto a Kirtash que Alexander.
- Casi desde cero. – concluyó el shek. - ¿Por dónde empezamos? – preguntó, mirando a Jack.
- Por la profecía. Es lo principal.
Victoria les miraba expectante sin enterarse de nada.
- Entonces creo que tus amigos también deberían estar. – dijo Kirtash. Miró a Victoria con el rostro inexpresivo. – Te dije que no te mataría y lo mantengo. Se supone que si estoy aquí es para protegerte.
Jack avisó a Shail y Alexander para que entraran. Naturalmente Victoria también les reconoció.
- ¡Shail estás vivo! Pero cómo... ¡¿Qué te ha pasado en la pierna?! – gritó la chica.
- Tranquila Vic. – dijo Shail dándole un abrazo. – Parece que aún no has empezado a recuperar la memoria. Lo de la pierna fue por culpa del veneno de un shek. Por lo demás estoy como siempre.
- Yo sigo igual de bestia. – bromeó Alexander. Le había mejorado bastante el humor desde que había comprobado que Victoria se encontraba bien.
Entre los cuatro fueron poniendo a Victoria al día en lo más básico. Lo cual suponía una sorpresa tras otra. Algunas agradables, otras no, y unas pocas que estuvieron a punto de devolverla a su anterior estado de inconsciencia. Especialmente el hecho de que ella y Jack fueran los héroes de la profecía, el dragón y el unicornio. Y que Kirtash fuese un shek que había traicionado a su gente por protegerla a ella. Jack y Kirtash habían decidido contarle la nueva relación que había surgido entre ellos antes de que la chica recuperara los recuerdos suficientes como para que le afectara con la misma intensidad que la vez anterior, poniendo en riesgo su salud. Pero necesitarían un poco más de calma y deberían esperar a que fuera asimilando lo más importante.
Aile también fue a visitarla. Victoria no la reconoció en un principio por su aspecto de feérica.
Sin embargo Kimara sí parecía haber permanecido en su memoria. Probablemente porque al compartir su don con ella era parte de si misma y algo muy difícil de olvidar.
Pasados unos pocos días ya había recuperado gran parte de sus recuerdos.
Era una recuperación muy rápida. Demasiado rápida. Tendrían que descubrirse ante ella antes de que se recuperara por completo. Tras muchos intentos lograron reunirse a solas con ella para poder hablarlo con tranquilidad. Jack estaba lleno de dudas. Podría perder su amistad para siempre y, si lo contaba, se convertiría en un traidor. Pero tenía que saberlo. Y lo mejor era decírselo ellos mismos.
Victoria estaba muy intrigada. ¿Qué asunto era tan grave que lo tenían que discutir a solas?, ¿por qué tanto secretismo?
- Victoria queríamos hablarte de un asunto...personal. – empezó Jack, vacilante.
- Probablemente fue lo que te causó la inconsciencia. – dijo Kirtash, a modo de advertencia.
- El caso es...que... – miró al shek, pidiendo ayuda pero el chico se mantuvo callado. Jack era su amigo, era mejor que se lo dijera él. – estamos juntos. – dijo de un tirón, mirando al suelo, rojo como un tomate.
- ¿Juntos?, ¿en qué sentido? – dijo Victoria, empezando a asustarse.
Kirtash entrelazó su mano con la de Jack para tranquilizarle. Ahora le tocaba a él.
- Estamos enamorados. El uno del otro. Lo supimos casi al mismo tiempo que tú...cuando nos descubriste besándonos.

Un simple...capítulo 9

Capítulo 9: Lealtad
Kirtash se quedó tan sorprendido que ni siquiera reaccionó. Era la primera vez que recibía un beso suyo, estaba seguro, no recordaba nada parecido. Pasados los primeros instantes trató de liberarse pero sus brazos estaban atrapados con férrea fuerza contra la pared. No podía oponer resistencia. Pero no le correspondió, no sentía la necesidad de hacerlo. Había sentido algo por él en el pasado, pero era un simple humano y quedaba eclipsado por los sentimientos que tenía hacia Jack. Simplemente dejó que le besara dulce y lentamente, como si hubiera esperado ese momento tanto tiempo que quisiera hacerlo eterno.
Finalmente Sherim se separó de él con una mirada cargada de decepción. Sin duda esperaba que aquello hubiera reavivado sus sentimientos. Pero la mirada de Kirtash continuaba siendo helada e impenetrable. No parecía furioso ni disgustado sino simple y dolorosamente indiferente. En aquel beso iban sus últimas esperanzas, guardadas en su corazón durante años. Y rotas en apenas unos minutos. Le soltó las muñecas dejando caer los brazos a los lados del cuerpo sin aumentar la escasa distancia que había entre ellos.
- Demasiado tarde. – dijo Kirtash con voz neutra. – No voy a volver. Nada puede obligarme a ir con mi padre. Ni siquiera tú. He cambiado más de lo que piensas.
Sherim volvió a enmascarar sus sentimientos con una sonrisa escéptica.
- ¿Has cambiado o te han cambiado? Estamos hablando de un dragón. Es imposible que estés en tus cabales.
- Estoy lo bastante cuerdo como para advertirte – bajó la voz amenazadoramente. – de que si vuelves a tocarle un pelo acabaré contigo aunque signifique mi muerte.
- Definitivamente esto se ha vuelto surrealista – declaró, con sarcasmo. – Has tenido una última oportunidad para salvarte y la has tirado por la borda. No te volveré a ver con vida, mi amor.
Le dirigió una última media sonrisa y se desvaneció en la noche. Kirtash no llegó a advertir que sus ojos ambarinos estaban húmedos, y que, mientras volvía de nuevo con los suyos al amparo de la oscuridad, dos pequeños ríos de lágrimas surcaban su rostro.
Kirtash permaneció un rato más en las almenas hasta que dejó de sentir la presencia de Sherim. Después decidió bajar a recuperar su espada. No le gustaba quedar indefenso.
Pasó a ver a Jack sólo para asegurarse de que se encontraba bien. Le encontró moviéndose y susurrando en sueños al parecer inmerso en una pesadilla. Susurraba el nombre de Sherim y el suyo repetidas veces. Parecía haberle afectado bastante tener un asesino detrás de él.
Le despertó zarandeándole con suavidad. Tuvo que esquivar un puñetazo sonámbulo dirigido a no se sabía quien.
Jack se despertó sobresaltado. Un sudor frío le cubría la frente y respiraba agitadamente. Había tenido una pesadilla horrible. Últimamente las tenía más a menudo. Solían tratar del regreso de Kirtash al otro bando de mano de Sherim mientras que en el suyo era despreciado por sus amigos y por Victoria e incluso intentaban matarle. Temores inconscientes que nunca llegaba a confesar. Y al despertar sólo encontraba una sonrisa tranquilizadora de un chico de ojos azules. Aquella había sido demasiado real. Había visto a Kirtash con otro chico de ojos color miel besándose en sus narices y disfrutando con ello. Jack no sabía qué aspecto tenía Sherim y solía tener diferentes apariencias en sus sueños. Pero aquella era nueva y bastante realista. Todavía resonaban en su cabeza las risas burlonas que ambos le dirigían en su sueño.
- ¿Qué pasa? – dijo Jack, malhumorado.
- Estabas teniendo una pesadilla, ¿verdad?
- Sí, y bastante desagradable. ¿Me has despertado sólo por eso?
- También para decirte que no vas a tener que preocuparte más por Sherim. Se ha ido. – resumió.
- ¿Así sin más?
Kirtash torció el gesto.
- He hablado con él. – confesó. – No se te acercará mientras valore su vida.
- Habéis anulado el pacto, entonces.
- No. Él jamás estará de acuerdo. Si vuelve a entrometerse le mataré tenlo por seguro.
- No me gusta esa manía tuya de arriesgar la vida por los demás. Luego mueres y quien sufre es el otro.
- No puedo evitarlo. – dijo encogiéndose de hombros.
Jack se dio cuenta de que Kirtash se rozaba distraídamente los labios con los dedos mientras hablaba. Era un movimiento inconsciente que solía hacer cuando...
- ¿Os habéis besado? – preguntó a bocajarro.
- Me ha besado. – puntualizó Kirtash, consciente de que era inútil mentirle.
- ¡Y te quedas tan tranquilo! – exclamó Jack, visiblemente irritado.
- No le veo ninguna importancia. Para mí no significó nada. – dijo Kirtash en tono tranquilo.
- Tú no estuviste a punto de ser asesinado.
- Jack...te repito que no tiene importancia. Y baja la voz o acabarán descubriéndonos.
- ¡No me da la gana! Para ti nada es lo suficientemente importante. Los sentimientos de los demás te resbalan. No me extraña que te consideren un traidor.
Aquello colmó la paciencia de Kirtash. Le cogió de los hombros para obligarle a mirarle a los ojos.
- Si no me he ido con él ha sido por ti, Jack. Podría haberle correspondido, irme con él y lograr que mi gente me perdonara. He despreciado la última oportunidad. Ahora no pararán hasta verme muerto.
Pero te he elegido a ti antes que a mi propia vida, porque me importas. Porque no puedo soportar estar lejos de ti y porque jamás te haría daño. Así que no me llames traidor...hasta que realmente lo merezca.
Jack se había quedado literalmente sin palabras. Tan sólo articuló un mudo asentimiento con la cabeza.
Kirtash se dio cuenta de que tenía las manos crispadas de rabia. Juzgó que su expresión en ese momento tampoco debía resultar muy tranquilizadora. Abrazó a Jack con ternura, algo que el dragón agradeció enormemente.
- Sería mejor que esas cosas las dijeras antes. Yo no puedo leerte el pensamiento. – susurró Jack.

Un simple...capítulo 8

Capítulo 8: Sherim
Dedicado a Saku-sensei que me animó a hacer un nuevo personaje para hacer sufrir a nuestros niños.
- ¿Hay algo que no me hayas contado?
Kirtash se sentó en la cama y se masajeó las sienes tratando de recordar.
- Sherim es lo que llamarías un amigo de la infancia. – explicó Kirtash a media voz. Suspiró. – Y uno de los asesinos más letales a las órdenes de mi padre.
- ¿Amigo? No parece que os llevéis muy bien.
- En realidad más que amigo. Siendo niños no sabíamos distinguir. Pero teníamos un fuerte vínculo.
- ¿Y qué tengo yo que ver?
- Cuando nos separamos, antes de que fuera a la Tierra, hicimos...un pacto.
Jack le miraba con las cejas alzadas, interrogante.
- ¿De sangre? – aventuró, escrutando su expresión.
Kirtash esbozó una triste sonrisa.
- No. Los magos no necesitamos recurrir a eso. Pero es igual de inquebrantable, salvo por acuerdo mutuo.
- ¿Y en qué consiste? – preguntó Jack aunque sospechaba cuál iba a ser la respuesta.
- Sencillo. No nos “enamoraríamos” de nadie más. Antes de que preguntes, nos referíamos sólo a chicos. Está ejerciendo su derecho. – finalizó con expresión sombría.
- ¿Tú incumpliste el pacto y va a por mí?
- No sé si habrá una razón sentimental, pero el pacto nos afecta a nosotros como un arma de doble filo. Todo el daño que me haga a mí lo sufrirá él y viceversa. Matarme sería su suicidio.
- ¿Cómo estás tan seguro de que ha sido él?
- Recuerdo que no le gustaba luchar cara a cara. Prefería actuar en las sombras. Además siempre utilizaba métodos que no dejaran pruebas. – extendió el fino cable entre ambas manos. – Éste era su favorito. Y es muy difícil conseguir un material que siendo tan fino sea tan resistente. No es algo muy común, ni siquiera en Idhún.
- O sea, que tengo un asesino letal tras de mí que me atacará sólo cuando yo no pueda defenderme, por culpa de un pacto que hicisteis de niños.
- Es asunto mío y seré yo quien lo resuelva. – dijo Kirtash en tono cortante.
- Creo que también me incumbe a mí. – replicó Jack.
- No sé de lo que es capaz ahora. Y te recuerdo que no puede hacerme daño.
Sin embargo a ti sí y no voy a ponerte en peligro. – dijo, muy serio.
- De acuerdo. Pero ten cuidado de todos modos. No me da buena espina.
Sherim tardó unos cuantos días en hacer un nuevo acto de presencia.
Kirtash estaba siempre alerta vigilando a Jack como un silencioso guardaespaldas. Durante ese tiempo intentaba recordar todo aquello que sabía sobre Sherim. Tenía grabada en su mente la imagen de un niño de piel clara, pelo negro azabache y ojos de un intenso color miel. Recordaba vagamente alguna conversación, su carácter solitario y un tanto egoísta y sus técnicas sutiles pero siempre letales. Pero le escamaba el hecho de que hubiera aparecido justo en ese momento después de haber estado tantos años sin tener noticias suyas. Algo le decía que había alguien más aprovechando ese punto débil para acabar con Jack. Y sólo conocía a una persona que pudiera hacer eso. Su padre, Ashran, el Nigromante.
Era la única explicación. Había descubierto, inexplicablemente, su relación y pretendía acabar con ella. A toda costa.
Sentía la presencia de Sherim cerca, pero no se dejaba ver. Tal vez estuviera esperando el más mínimo despiste para acabar con el dragón. Que lo intentara. Tendría que pasar por encima de su cadáver.
Jack estaba muy intranquilo. No le hacía ninguna gracia ser el blanco de un asesino tan efectivo. Confiaba en Kirtash pero ni siquiera él podía estar siempre alerta. Además en el pasado había sentido algo por ese chico y cabía la posibilidad de que fuera incapaz de defenderle frente a él, además de que el daño iba a repercutir en su propio cuerpo. Fuera quien fuese sabía muy bien lo que hacía.
Trataba de comportarse con normalidad pero la preocupación se reflejaba en su rostro como en un libro abierto. No podía pedir ayuda ni desahogarse con nadie ya que tendría que descubrirlo todo y sería mucho peor. Era un asunto que les ocupaba únicamente a ellos tres.
Una noche, Kirtash se encontraba en las almenas de la fortaleza, disfrutando de la calma y la soledad que allí se respiraba. Era la única forma que tenía de soportar el agobio de estar encerrado con tantas personas en un sitio tan pequeño. Estaba apoyado en el muro aparentemente relajado pero con sus sentidos más afinados que nunca. Volvía a notar su presencia muy cerca de allí. Sus músculos se tensaron pero no cambió la postura.
Jack no se encontraba muy lejos. Podría alcanzarle fácilmente en muy poco tiempo.
Todo pasó muy rápido. Vio una sombra que corría veloz a escasa distancia de donde se encontraba. Apenas unos segundos después estaba de frente contra el muro acorralando con ayuda de Haiass a un joven de ojos ambarinos que le miraba algo asombrado.
- Has mejorado bastante. – dijo Sherim a media voz luciendo una sonrisa ligeramente burlona.
- ¿Qué haces aquí? – dijo Kirtash, fríamente.
- ¿No es evidente? Recuperar lo que es mío.
- Te equivocas, yo no pertenezco a nadie. – replicó, entrecerrando los ojos a modo de advertencia.
- Tú mismo lo dijiste. Precisamente pactamos para evitar pasar por esto, ¿recuerdas?
- Eso fue hace años. Quizá haber sabido algo de ti durante este tiempo me hubiera ayudado a mantener ese recuerdo.
- Yo tampoco he sabido nada de ti desde que te marchaste. Aunque por lo que veo no has cambiado tanto. Salvo por que te has convertido en un traidor a tu gente...y a mí.
Su mirada ambarina había cambiado. Reflejaba el enfado, el rencor acumulado a lo largo de los años.
Sin saber muy bien como, de repente, Kirtash quedó desarmado frente a Sherim. El chico había arrojado a Haiass por el muro de la fortaleza dejándola fuera de su alcance.
A la velocidad del rayo empujó a Kirtash contra el muro aferrándole las muñecas con ambas manos utilizando toda su fuerza que no era escasa. Estaba indefenso.
- ¡No recuerdas nada! – dijo Sherim con la voz desgarrada. – Ya no sientes nada por mí y ni siquiera eres capaz de recordar haberlo hecho. Déjame al menos que te refresque la memoria. – finalizó más tranquilo.
Y fundió sus bocas en un beso tan dulce como la miel que iluminaba sus ojos.

Un simple...capítulo 7

Capítulo 7: Sombras del Pasado
Kirtash se despertó temprano, oyendo los tenues ruidos que evidenciaban el inicio de la actividad en la fortaleza. Gracias a su sueño ligero no temía que nadie le pillara desprevenido ni en una situación comprometida. Como en ese momento.
Se volvió hacia Jack que seguía sumido en un profundo sueño. Le despertó con un suave beso en los labios. Jack abrió los ojos con pereza, adormilado.
- Será mejor que te espabiles. Pronto vendrán a por ti. – dijo Kirtash en voz baja.
Con un gruñido por toda respuesta, Jack le dio la espalda dispuesto a seguir durmiendo. Y de un empujón acabó tirado en el suelo.
- ¿Qué haces? – dijo Jack ya completamente despejado.
- Despertarte – dijo el shek con una sonrisa. – Por las buenas o por las malas.
Jack resopló. Tendría que enfrentarse a multitud de preguntas sin levantar ninguna sospecha. E intentar mantener sus sentimientos a raya para que los celestes no descubrieran nada. Después de lo ocurrido la noche anterior le iba a resultar muy difícil.
- Será mejor que te vayas. – dijo, a regañadientes.
- Dame una despedida decente. – pidió Kirtash.
Se dieron un beso muy suave. Tenían que mantener sus sentidos alerta.
Kirtash se marchó sigilosamente de la habitación.
Jack decidió cambiarse de ropa, aunque significara renunciar al embriagador aroma del que se había impregnado. Su olor. Y una prueba más en su contra.
Mientras se vestía recibió la primera visita del día.
- ¡Buenos días Jack! – dijo una voz familiar en tono jovial.
- B...Buenos días...Shail
- ¿Qué te pasa? Estás más rojo que un tomate.
- Estoy...un poco acalorado. – se excusó Jack.
¿Cómo iba a decirle a su amigo que le avergonzaba que le hubiera pillado a medio vestir?
- ¿Qué tal está Victoria? – dijo para cambiar de tema mientras se terminaba de vestir lo más rápido que podía.
- Sigue inconsciente, pero está fuera de peligro.
Jack asintió distraídamente. Más que su estado le preocupaba cómo reaccionaria Victoria cuando se despertara. Había perdido a las dos personas que más quería casi al mismo tiempo. Aunque siguieran a su lado las cosas jamás volverían a ser iguales. Quería seguir junto a ella, porque mucho antes que su novio, había sido su mejor amigo y seguiría siéndolo pero nunca más pasaría de ahí. Se sentía responsable de la situación pero ya no podía volver atrás. Quizá fuera demasiado tarde para explicaciones.
Jack estuvo todo el día conociendo a cada habitante de la fortaleza. Era el héroe, la última esperanza de los rebeldes y su presencia levantaba los ánimos de la gente.
Evitaba a toda costa a Zaisei y al padre Ha-Din sin dirigirles más que un débil saludo con la mano desde una cierta distancia. Había cubierto su corazón con un telón de acero cargado de indiferencia y desinterés, protegiendo instintivamente sus nuevas afinidades sentimentales y con ello a su destinatario.
Alexander le puso al tanto de todos los planes y de la batalla cercana para la que se estaban preparando. Hablaba con orgullo de los dragones artificiales de Tanawe y de los magos que conseguían que las armas tradicionales fuesen mucho más letales. Fue un día muy ajetreado.
Kirtash cumplió su promesa ya que Jack no le veía por ningún sitio, lo cual le facilitaba las cosas. Tan sólo sentir su presencia derribaba toda barrera que cerrara su corazón, por no mencionar el hecho de que las miradas que le dirigía estaban cargadas de aquel afecto tan evidente a simple vista, casi siempre acompañadas de una cálida sonrisa.
Aquella noche, cuando por fin le dejaron volver a su habitación tardó un buen rato en dormirse dando vueltas en la cama sin lograr conciliar el sueño. Se había acostumbrado a la fresca presencia del shek a su lado, a sus brazos rodeándole protectoramente, a su pausada respiración. Su propio calor interno le agobiaba. Se abrazó a la almohada en un intento de engañar a sus sentidos y cayó, rendido, en un sueño intranquilo.
Le faltaba la respiración, boqueaba como un pez fuera del agua, cada vez conseguía coger menos aire, la presión en su cuello aumentaba lentamente, ahogándole, estrangulándole con mucha fuerza.
Todavía en sueños se tanteó el cuello con las manos tratando de liberarse de aquella presión que acabaría matándole. Pero no notaba más que su piel tensa por el gran esfuerzo que hacía al intentar respirar, desesperadamente.
Notó una rápida ráfaga de aire helado a escasa distancia de su cuello y la presión cedió. Alguien comenzó a zarandearle con fuerza llamándole por su nombre. Despertó sobresaltado y lo primero que vio fueron unos iris azules que le miraban con preocupación.
- ¿Estás bien? – le preguntó Kirtash con tono impaciente.
- Más o menos. – respondió acariciándose el cuello. Aún notaba una ligera presión al hablar.
Kirtash le retiró la mano observándole con detenimiento. Alargó la mano para desenredar un trozo de cable elástico, tan fino como un cabello, que rodeaba el cuello de Jack y había estado a punto de convertirse en su horca.
Se asomó rápidamente por la ventana más cercana pero al parecer no encontró aquello que esperaba y examinó el cable con detenimiento a la luz de la luna. Le resultaba extrañamente familiar. Pero era imposible. Hacía muchos años que no sabía nada de él.
Su rostro tenía una expresión extraña, mezcla de pánico e incredulidad.
- ¿Qué pasa? – dijo Jack. La expresión del shek estaba empezando a asustarle.
- Has estado a punto de morir estrangulado. – respondió con la voz temblorosa.
- ¿Pero quién...?
Kirtash tenía el puño crispado sobre el cable. Se había quedado lívido.
- Sherim – susurró.

Un simple...capítulo 6

Capítulo 6: Un poco más humano
Dedicado a mi fan más empalagosa que me pidió una escena a solas. Gracias por hacerme sufrir!!!
Se oían unos pasos apresurados acercándose a la habitación.
Kirtash, rápido como el pensamiento, se las ingenió para moverse hasta la pared opuesta de la habitación y apoyarse en ella con una actitud aparentemente relajada.
Jack sólo tuvo tiempo de incorporarse antes de que alguien entrara como una tromba en la habitación y se le abalanzase encima.
- ¡Jackcuantotiemposinverteteheechadomuchodemenos!
La semiyan le abrazaba con fuerza sin dejarle casi respirar. Le costó un rato darse cuenta de quien era.
- ¿Kimara? – aventuró.
La chica se separó de él con los ojos brillantes.
- ¿Cómo estás? ¿Qué tal te ha ido?
Jack se esforzó por mostrarse amable, aunque lo que menos le apetecía en aquel momento era explicar todos lo pormenores del viaje. Al final, no hizo falta.
- ¿Qué haces tú aquí? – dijo Kimara con voz irritada, dirigiéndose, obviamente, al otro ocupante de la habitación.
- No tengo por qué darte explicaciones. – respondió Kirtash frío y cortante.
Jack se dio cuenta entonces como cambiaba su actitud cuando se dirigía a las personas que le importaban frente a las que no. Entendía por qué la gente no confiaba en él ya que su lado más humano se revelaba sólo ante Victoria y ante él. Jack esperaba no tener que llegar a ese extremo dejándose llevar por su condición de dragón.
- Sólo estábamos hablando, Kimara. – dijo Jack intentando calmar los ánimos.
“Mentiroso”, oyó la voz burlona del shek en su mente.
Kimara se volvió hacia él extrañada.
- Creía que estabas muy cansado para hablar con nadie.
- Venía a preguntarme sobre el estado de Victoria. Tiene el mismo derecho que yo a saberlo. – se justificó. – Pero sí es verdad que ahora no estoy con ánimo de recibir visitas. ¿Podrías hacerme un favor?
- ¿Cuál? – dijo Kimara, todavía recelosa.
- ¿Podrías intentar que nadie venga por aquí? Necesito dormir un poco antes de someterme a los interrogatorios.
- Está bien. – cedió. – Pero mañana vas a tener que dar muchas explicaciones.
- Gracias. – dijo Jack, sonriendo.
Kimara fulminó con la mirada a Kirtash y se marchó de la habitación, dando un portazo.
El shek sonreía, divertido. Al parecer se lo había pasado en grande con aquella situación.
- Creo que tu novia se ha puesto celosa.
- Algo me tenía que inventar para cubrirte ya que tú no colaboras. – replicó Jack.
- No tengo por costumbre contarle mi vida privada a cualquiera que me lo pregunte.
- Bueno, te dejo que tienes que “dormir”. – dijo Kirtash burlándose de la excusa de su compañero.
Se inclinó sobre él para despedirse momento que Jack aprovechó para cogerle del brazo y tumbarle a su lado. Le tomó el rostro entre las manos y le dio un beso breve pero muy intenso.
- Ahora que consigo que nos dejen a solas, ¿te quieres ir?
- Después de esto no. – dijo Kirtash un tanto sorprendido.
Jack sonrió y le besó de nuevo, con calidez e intensidad, entrelazando su lengua con la del shek casi asfixiándole. Había decidido por fin dejarse llevar por su instinto entregándose completamente sin temer nada.
Kirtash se sentía aturdido. Aquel beso era ardiente como el fuego, una ola de calor se extendió rápidamente por su cuerpo, su corazón comenzó a latir más rápido bombeando adrenalina. El control que siempre mantenía en aquellas situaciones se desvaneció y perdió la noción de la realidad.
Sus brazos rodearon instintivamente la cintura de Jack tratando de fundirse con él.
Jack se separó lentamente de su boca. Sus cálidos labios se posaron suavemente en su cuello, provocando sensaciones que Kirtash nunca antes había llegado a imaginar. Y perdió el fino hilo de autocontrol que aún unía sus acciones a su razón.
Tumbó a Jack boca arriba y se puso sobre él besándole con delicadeza y deliberada lentitud el cuello, los hombros, el pecho. Demasiado lejos.
Jack le empujó suavemente separándole. Kirtash logró recuperar parte de su cordura. La suficiente como para mirar al dragón a los ojos y ver su cara teñida de inseguridad, sorpresa e incluso...miedo. Su respiración estaba agitada y el sudor le perlaba la frente.
- Lo siento – dijo Kirtash, respirando entrecortadamente. – perdí el control.
Jack sonrió para tranquilizarle y se separó un poco más para que pudiera serenarse.
- No pasa nada. Pero me asustaste. – dijo, riendo.
- Te juro que nunca me había pasado. Siempre he podido mantener la cabeza fría. Siempre.
- Ahora sabes cómo nos sentimos los que no somos sheks. ¿De verdad pensabas que conmigo ibas a poder mantener la cabeza fría?
- Intenta comprenderme. Nunca antes había estado enamorado de un dragón. – respondió, ya más calmado.
- Pues vete acostumbrando. Pero, ¿hasta dónde pretendías llegar?
- No lo sé. No pensaba, simplemente, me dejaba llevar.
Kirtash se puso serio y le miró directamente a los ojos.
- Escucha. Pase lo que pase esto es cosa de los dos. No te voy a obligar a nada, ¿de acuerdo? No me molestaré porque me pares los pies si te resulta incómodo.
- Descuida. Lo haré. Si para entonces me queda algo de cordura.
- ¿Me puedo quedar a dormir? Tengo que aprovechar al máximo las horas de intimidad que nos quedan.
- Claro. Pero a dormir. Mañana voy a tener que soltar unos cuantos discursos.
- Por una vez me alegro de que me odien. Por lo menos me dejan tranquilo.
Y se abrazaron para aprovechar la que quizás sería la última noche a solas en mucho tiempo.